Me encontraba abandonada en la cama, con el oso de felpa que me había regalado, sintiéndome sola, y muy poco apasionada, mis ojos se estaban apagando y cada pestañar se hacia mas largo, mi boca ya seca se rehusaba a pedir ayuda, pues no tenia herida alguna, no habían rastros de sangre o magulladuras, solo mi alma destrozada y mi corazón lanzándose una y otra vez sobre mi cuerpo ya muerto.Me encontraba en el borde, con la mirada fija en mi espejo, viendo el recorrido que hacia cada lágrima por mi rostro. Recuerdo ver la puerta entre abierta, y peor, esperaba verlo despaldas buscando la forma de volver a mi. Sin embargo el ni cerca estaba, era una fantasía que nunca llegaría a vivir. No fue por gusto, o seria más fácil culparlo por dejarme. No tengo idea sobre mí, sobre la situación de enviudar a solo unos años de casarme. Sin hijos ni futuro solo el recuerdo de una casa vacía, donde en cada rincón consumábamos nuestro amor. Estaba sufriendo perdida de la vista, había caído en sueño. Podía ver mi cuerpo acostado, como sin vida, y todos a mí alrededor esperando que despertara, llorando mi partida, hipócritas y sensibles se habían reunido para cumplir mi última petición, arrojar mis cenizas a la carretera donde lo había conocido. Específicamente en la noche mas fría del invierno, para que cada granito de mi se congelara en el viento, y quedarme allí, esperando su regreso, inaugurando entonces mis escritos, sin problemas de entendimiento, trato de esculpir mi dolor a la máxima expresión de crueldad. Para mostrar que mas miedo a los vivos que a los muertos.
Pero seguía allí, llorando, solo fue un sueño malgastado. Poco a poco me sentía reconfortada, aceptado lo que pasaba, Salí de la recamara y salude a mis familiares, todos vestidos de negro, con las corabas y listones blancos, yo era la única que llevaba zapatos de tacón, pues a el nunca le había gustado sentirse demasiado alto. No había comido no había bebida, no estábamos celebrando nada. Así yo comenzaría mi ayuna, pero con la cabeza en alto, para no mostrar mis tristezas y así lograr que todos los hipócritas se bañaran en llantos falsos diciendo mis mas sinceras condolencias.
Caminaba con la cabeza de lado y la vista baja, pisaba débil y sin tambalearme, no sonreía a nadie, mis labio estabas sellados, no estaba contando por ultima vez nuestra historia de amor, me encontraba abriendo un libro para nosotros dos, de cómo el se marcho y yo cargue en mi conciencia quien lo había asesinado, culpa de ninguno conocido, solo de un estúpido borracho que no pudo esperar a buscar un CDS de los ochenta, culpa mía por quedar inconciente mientras el se lastimaba tratando se sacarme, culpa de los paramédicos por tratar de sacar a la mujer embarazada dejando al padre en el infierno. Culpa de los médicos por dejar que viva la madre en vez del hijo del padre. Que malditos problemas tendrán ellos conmigo, decidir sin preguntar si me quería quedar, mal nacidos insensatos, porquerías que me han abandonado tomando whiskey sola frente a la chimenea vieja y desgastada. Pobre de mi, pobre mi estúpida cualquiera. Como duele, dios mío como duele, no hace un día que se fue y ya se me duermen las piernas, no hace un día que se fue y ya todos me miran con pena.
Cómo acepto que soy viuda, no muerta, que te fuiste y me dejaste, te marchaste y no me llevaste, un bastardo a tu lado tuve que enterrar, dejando mi tumba esperando a tu regreso, caminando después del entierro muerta en vida, vida es mi muerte, como duele, como duele amar al despertar, a un fantasma, a mi marido a un padre sin sentido, como duele soledad, consuelo de cobardes, amante ausente, adiós para siempre.
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