
Tristemente se inaugura una relación de celos, mientras ella se aleja el la desviste y sus ojos se envuelven en sus cabellos, había aclarado nunca quererle, pero sus ánimos cambiaron y ahora le ama.
Imprudencia, arrogancia, pedirle su mano cuando solo eran besos, valentía y romántico, besarle cuando solo era sexo.
Besarle, pero con ganas, porque le quería.
Para que ella lo sintiera, y fuera fiel a sus deseos. Sin embargo, de pedirle sentimientos, quisiera solo roce, de pedirle solo un te amo, huiría buscando otros labios, otra piernas. Para calmar su lujuria y cesaran sus fantasías.
Le remuerde la conciencia el pensar que pueda ser de otro, la quiere para el, simplemente por sus pasos, por sus caderas y vestidos. Egoísta y celoso, hombre, tirano.
Ella piensa.
Que le ama, pero no se lo merece, tal macho impredecible no puede ceder, tendría que entregarse, tendría que venderse, para conseguir su mirada y el corazón, se convence de que es de piedra, y sigue caminando en tacones, con su camisa puesta y lencería costosa. Se muerde los labios cuando voltea, y finge estar distraída cuando vuelve sobre ella en busca de otro chance.
Ambos, se estremecen pensando que se pueden amar, se ríen por dentro queriendo decir un talvez, y puede ser un quédate. Miedo a perder, a rendirse ante pensamientos y emociones que se enfrentan a las ganas de tocarse. Por una noche, por un te quiero. Perder caricias, pasiones y temores, entregarse por completo y ser leal a una creencia.
Se enredan y descienden a niveles de chantaje, ¿adivina lo que tienen?, ese precioso y preciso momento antes de. Donde se miran y deciden que si, se aman, pero por no perder el desenfreno lo dejan para después, provocando una noche tierna, pero solo después de. Permitiéndose cuidados y amores, saturándose de abrazos que digan más que un si, quiero. Simplemente se tienen. Que decidan para siempre, es cuestión de ellos.
Imprudencia, arrogancia, pedirle su mano cuando solo eran besos, valentía y romántico, besarle cuando solo era sexo.
Besarle, pero con ganas, porque le quería.
Para que ella lo sintiera, y fuera fiel a sus deseos. Sin embargo, de pedirle sentimientos, quisiera solo roce, de pedirle solo un te amo, huiría buscando otros labios, otra piernas. Para calmar su lujuria y cesaran sus fantasías.
Le remuerde la conciencia el pensar que pueda ser de otro, la quiere para el, simplemente por sus pasos, por sus caderas y vestidos. Egoísta y celoso, hombre, tirano.
Ella piensa.
Que le ama, pero no se lo merece, tal macho impredecible no puede ceder, tendría que entregarse, tendría que venderse, para conseguir su mirada y el corazón, se convence de que es de piedra, y sigue caminando en tacones, con su camisa puesta y lencería costosa. Se muerde los labios cuando voltea, y finge estar distraída cuando vuelve sobre ella en busca de otro chance.
Ambos, se estremecen pensando que se pueden amar, se ríen por dentro queriendo decir un talvez, y puede ser un quédate. Miedo a perder, a rendirse ante pensamientos y emociones que se enfrentan a las ganas de tocarse. Por una noche, por un te quiero. Perder caricias, pasiones y temores, entregarse por completo y ser leal a una creencia.
Se enredan y descienden a niveles de chantaje, ¿adivina lo que tienen?, ese precioso y preciso momento antes de. Donde se miran y deciden que si, se aman, pero por no perder el desenfreno lo dejan para después, provocando una noche tierna, pero solo después de. Permitiéndose cuidados y amores, saturándose de abrazos que digan más que un si, quiero. Simplemente se tienen. Que decidan para siempre, es cuestión de ellos.
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