domingo, 3 de junio de 2007

Tarde de maternidad


Me dejo caer en tus brazos, cierro los ojos y caigo en el sueño, siento tu mano en mi cabeza, tu boca rozando mi mejilla, tus piernas cruzadas aguantando mi peso completo, como si supieras que te necesito, mas eso es lo que creo, pero aun sabiendo que no quiero, no me dejas y no me dejas de abrazar. Tengo mis manos en tu cuello, tratando de no tener que soltar. Me pierdo y tu comienzas a cantar, villancicos suaves y enternecedores, me acompañas en tu tarareo, yo de inútil inservible, contagiada de tu tranquilidad se me hace irresistible el placer de llegar. Si te digo que no siento me podrías dejar, mas si no, ¿te llegaría a amar?. No me quiero preocupar, se siente tus aromas con una increíble suavidad. Ha pasado media hora y no queremos hablar, aunque me comprendes, yo no quiero corroborar. Ya nos comenzamos a mirar, tus pupilas como agua, las mías rezando por seguridad. No tengo el primero cumplido y seguro de que me comienzas a gustar. No me sale palabra, tu no me quieres asustar. Ya mis manos en tu pecho, y tu mas metida en tu cantar. Las cornisas mienten el conversar, de que me quieres y yo te quiero odiar. Los árboles confiados, nos dejan de mirar y se dedican a escuchar, la brisa se encarga de ambientar, su música resuena en los pasillos, cansados de esperar. No me pienso levantar. No se caminar, no necesito hablar, solo entiendo sobre confiar. Tenemos un pacto de por vida, una promesa poco regular. Las sabanas nos muerden queriendo regresar, las hemos suplantado, por caricias sin secar.
Al terminar la tarde, todos se comienzan a marchar, nos quedamos tu y yo con nuestra promesa poco regular.

No hay comentarios: