Cuando entré el aire era pesado, cuando entré el suelo era negro y mis ojos se quedaron marchitos ante las lagrimas de ella. Me quede muerta en el miedo de rendirme, de adaptarme a lo que no quiero. De querer vestirme en las hipocresías y desvelarme pensado en lo imposible de quererle algún día. Quería morder un fuego de divinidades. Con agujeros en el pecho y una bala de felicidad que se hundía en mis piernas y viajaba por mi cuerpo cuando la veía sonreír. Un truco de partida con humo y flores había preparado el día de mi muerte. Con las plumas en verdad y mis manos en justicia. Oyendo la música única que su vientre compartió. Como los días en la oscuridad, donde fui única y me sonrojaba al pensar que podía cambiar el mundo, al menos el de ella, pensando en serle fiel y analizarle las ganas de vivir para que quiera sonreír. Su caminar, ya no era ella, solo la piel de sus rostro se cubría de sueños cuando miraba de lejos sus creaciones de polvo y desorientación, deseando sus frutos como a sus manos, y su llanto fue noble, su llanto fue realidad de pasiones. Así la conocí, como la única persona del mundo que era humana. Me enamore de una mujer cuya fascinación era yo, cuya asfixia éramos nosotras. Me hundí en la pared que se creo ante las consecuencias del empezar. Me anide en la idea de confesar que ya no era feliz, que sus argumentos ya no bastaban para defenderme y que su camino ya era borroso y no le pertenecía. Su llegada era más caótica, era la esperada por los mundos. Sus pasos eran fuertes y una vez mas se convirtió en mi madre. En la persona de verdad, en la que me creo y me alimento hasta mas no poder. Con sus franjas de amor y sus ilusiones coladas por los dedos. Socializando con los más altos estándares de satisfacción al momento de creerle alegre. Confiscando mis impulsos de raptarla y despegarla de las sabanas que ataban sus cabellos como almohadas debajo de todos.Finalmente parece que aprendí mi lección. Que no me ama, que no es su opción. Que me creó y le pertenezco que soy suya y no protesto. Que no me ama, que me adora, que si me ama y así sigo creciendo.
Finalmente parece que se queda y yo me marcho, que las ultimas palabras las diré en el funeral, donde los recuerdos me traigan su melena y sus colores de danza por siempre.
Finalmente parece que su magnifica percepción de mi, es la única acertada, que es la única que tiene el derecho para desbaratar mis reacciones liberales e inocentes.
Finalmente parece que me toca retirarme, dejarla vivir lo que queda de la mujer mas increíble, de la mujer de mis sueños, de la princesa real que habita en mi cabeza. Que se ha quedado en mi corazón sin preguntar.
Finalmente parece que lloro y me quiebro, que duele y le prometo nunca marcharme, quedarme en su pecho. Amarle por siempre y ser hija realmente.
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