lunes, 28 de mayo de 2007

Me declaro culpable





Ella iba corriendo en el bosque, estaba escapando de toda realidad. El viento le cortaba el rostro y las miradas se venían del pasado. Calló sin fuerzas en el pasto. La niebla la abrazaba y su aliento desafiaba al frió de la noche. Sus latidos eran perseguidos por ráfagas de desilusión, cada personaje misterioso de su vida pasada se hacia presente en aquélla recreación especifica, mis poemas dejaron de ser románticos para convertirse en la vos humana de lo explicito. Quiero renacer.
Caer en la tierra y creer que las montañas se acercan a llevarme. Necesito que suceda un cambio, que el amor se venga con pasión y mis vestidos terminen frente a su cama. Dar por muerta a la traición, confiarle secretos irrelevantes, susurrarle mi odio a muerte, contarle que su presencia discrimina. Que su ser me produce asco y repugnancia. Ella que corría por el bosque calló en un pozo sin fondo y las cuerdas de salida estaban siendo retiradas por él. La mirada se esparcía por completo, ella desapareció en el éxtasis del miedo. Despertó en el refugio calido de sus ojos, de aquella mujer con aroma a canela y vainilla, con los labios mojados en miel. Con las ropas cocidas a hilo de oro y bordes de seda. Su esencia se escurrió en los acantilados y todas las razones pasadas de desamparo se desperdiciaban por las mentiras. Estas dichas por el príncipe encantado que galopaba sobre su pecho húmedo de pasiones. Las instalaciones de su piel fueron crucificadas para entender las razones ajenas. Y su boca fue sellada para no herir a su salvador. Repito el cambio de la poesía que hago. Mis influencias se riegan haciendo un camino de espinas y recuerdos banales. Cualquier melodía que escuche puede ser desprestigiada por sus palabras de desprecio. Y aquel que sigue tocando a mis queridos diciendo que es superior lo sigue impidiendo. Que me represente como la niña ajena a problemas, haciendo imposible mi rendimiento de frente a el. Levantemos una bandera juntos que tenga el mango ancho así decir adiós a las injusticias, comenzar de cero y pedir perdón por nacer fuertes siempre. Por creernos mas que todos y menos que nosotros. Por creer en el razonamiento humano y rechazar al animal que sobrevive a nuestras costas. Unamos las fuerzas y saquemos a la niña del pozo, apuñalemos al asesino con una estaca y hagamos una cama en el mismo pasto para lavarla y purificarla. Haciendo finas sabanas de ramas. Con olor a menta y rocío. Pidamos la cooperación de las frustraciones para que se nos brinde sabiduría. Que el cansancio nos recuerde la fragilidad de mis poemas, que cada lágrima que derramo en este preciso momento sirvan de esperanza y de consuelo para envolver mis heridas. Creando un espaldar que me sujete. Que el tiempo cobre vida y pase corriendo para llevarme con el. Que el culpable se declare en el juzgado y pueda recuperar mis verdaderas letras.

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